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MI KAWASAKI Z250 (1981) Y AJONAI Imprimir E-Mail
domingo, 26 de diciembre de 2010

Por Pepe Morales:

Hace una decena de años me comentó un compañero de trabajo que en su aparcamiento comunitario estaban haciendo limpieza e iban a tirar una "moto vieja", que descansaba en el hollín desde hacía por lo menos 12 años. Como no podía ser menos me picó la curiosidad y bajo dos dedos de polvo garajero, se encontraba una modesta moto japonesa, en principio de color tierra, y predestinada al desguace. Me conquistó a la primera mirada. Se trataba de una de las primeras "Kawas" Z 250 que importó Lenflor en los años 80. Y ahí empezaron mis problemas. ¿Quien volvería a girar este motor?. La documentación no existía y la moto estaba denunciada como desaparecida, porque su propietario desconocía su paradero. Una vez solucionado el tema burocrático, comenzó el mecánico. Mis conocimientos amplios, solamente en teoría,  poco sirven para el tema que nos ocupa. Comencé a buscar algún especialista y terminé pronto. Parece ser que en motos japonesas, los manitas se especializan en marcas determinadas, siendo muy reacios a trastear en otras marcas, y claro, terminé en la calle Cebrián, en la librería de Pedro. Allí el tiempo se detuvo hace tiempo. Como también me apasionan los libros antigüos, estuve charlando y hojeando ejemplares valiosos, que si estuvieran en el Rastro madrileño ya habrían formado parte de alguna colección. Después de cierto tiempo, una hora, le pregunté al librero, que habrán adivinado es el hermano de Miguel Ángel, el horario del taller de motos. Pregunta harto díficil, pues arrugando el ceño me contestó que todos los días, a partir de las 18,00 h., los días que venía. Y para localizarlo, antes de preguntarle a su vez, me dijo que no, no tenía teléfono móvil.

Bueno con estas premisas, y con la Z250 en mente, esperé...en vano. NO apareció en toda la semana. Al final llegó en su Z900, aparcó en un hueco ínverosimil entre dos coches, y parsimonioso, se dirigió a su taller. Me presenté, y cuando le expuse el motivo de la visita, marca, modelo y problema, no dijo nada, abrió la puerta en un ángulo de 30º, pasó primero, la atrancó con una cuña de madera, y desde el interior, después de un minuto, me dijo, puede pasar (tratándome de usted). Franqueé la angosta entrada como pude, tengo más barriga que él. Y entendí en un instante lo que es la pasión por una marca, el cariño hacia unos objetos descatalogados hace décadas y la muestra de confianza al dejarme entrar a su santuario. Quedé solo, pues Miguel Ángel había desaparecido, apareciendo enfundando en un mono de trabajo. Yo estaba con los ojos a cuadros, los estantes hasta el alto techo abarrotados de los repuestos en cajas originales del importador, motos en diferentes estados de conservación por todos los rincones, y en el centro, presidiendo y esperando, un magnífico Lotus Elan, que cuando tuve más confianza con él , y le comenté al respecto,  me dijo que era su sueño el poder restaurarlo algún día, y creo que valorando muy positivamente que no había caído en la descortesía de preguntar si estaba en venta .  Ni que decir que la moto salió con una puesta a punto impecable, y cada año se la llevaba para la tan temida ITV, y cuando volvía rechazada por el tema de CO-gases, lo veía un poco disgustado, comentando, ya no puedo cerrar más el carburador, qué se han creído estos de la ITV. No olvidaré el cariño y dedicación que ponía en mi modesta moto, tratándola igual que si fuera una de las valiosas de competición que con tanta maestría afinaba. 

Una anécdota de carretera: en uno de los paseos por el sureste de la isla, nos adelantaron un grupo de motos con muchas RRR y coloridos equipamientos, íbamos al golpito en nuestras clásicas, y pegados a las nombradas RRR, Miguel Ángel, con la clásica Z900 o Z1000, sin despegarse de ellos, cuando paramos todos en Temisas, a los RRR no les cabía el asombro en los cascos, y antes de que le preguntaran los susodichos que cómo podía mantener el ritmo de la inyección, centralitas y neumáticos de tamaño balón, les respondió muy socarronamente: "es que me conozco las curvas de los Cuchillos", Juani Herrera no dijo nada, pero sonrió debajo del bigote.  Desde el recuerdo un fuerte abrazo Ajonai.   

Saludos Pepe Morales. 

PD.- La Z 250 sigue pasando la ITV.   
Modificado el ( domingo, 26 de diciembre de 2010 )
 
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