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VIVENCIAS DE UNA BSA BANTAM Imprimir E-Mail
domingo, 16 de noviembre de 2008

Corren los años 60, Dominguito se acerca con parsimonia a su moto. En su cara se refleja la alegría del día festivo. Es hora de preparar e inspeccionar su querida BSA Bantam de la pasada década de los 50. Pese a que sabe que nunca le ha fallado, hoy le espera un duro día de trabajo al pequeño motor de 125 cc y dos tiempos. La proporción del aceite, monogrado de la época, se calcula a ojo. Un cuatro de litro por cada cinco de gasolina, mas o menos.

Su señora le espera con el hijo de 4 años en brazos, y los otros dos de 7 y 6 a un lado y a otro, ¡qué estampa!. Los niños mantienen los ojos muy abiertos, pendientes de todo lo que hace su padre. Este, con la destreza que dan los años, pulsa el flotador del carburador, y de una sola patada, que a todos les encoge, por lo enérgica, arranca el motor dando un sonoro y humeante petardeo. A todos ellos esto les suena a paseo seguro.

Toca emprender la marcha, y todos pueden subir. Dominguito tiene su sitio asignado, pero ¿y el resto de la familia?. La señora sube, tras Dominguito, naturalmente de lado, faltaría más. La madre sujeta a su pequeño en brazos. Los otros dos, sobre el depósito. Eso si, con un cojín debajo para proteger "la pintura" del tanque. Y de este modo parten de La Asomada, pasando por la Montaña del Medio hacia Tesjuate. Pistas de tierra bacheadas y desiertas. Si era menester, de camino, cabía acercarse a cualquiera de las costas de la isla majorera. Ningún peligro había, pocos coches y ningún guardia. La familia estaba junta y en la carretera.

El tiempo ha ido pasando, y las cosas cambian; pero la moto sigue en el garaje familiar, junto a aperos de labranza y útiles de carpintería. A los hijos, y al propio D. Domingo, todavía se le empañan los ojos cuando, con la serenidad de la nostalgia, centran su mirada en su querida moto, que descansa y disfruta del merecido reposo ganado con tanto trajín. A esa familia humilde y orgullosa le puedes pedir casi cualquier cosa, pero por favor, no se te ocurra la frase: ¿me vende esa moto vieja?. No sólo tratarás sin respeto a quien con tanto trajín se lo ha ganado sino que además, esta sufrida BSA forma parte de la familia, y quienes a ella pertenecen, ni se les llama viejos ni por supuesto están en venta.

PEPE MORALES

Modificado el ( domingo, 30 de noviembre de 2008 )
 
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